Procomún: intuición, incógnita y camino

* Acabo de entregar este texto que creo irá en el próximo número del periódico de la Asamblea Popular de Tetuán. La idea era escribir algo sobre procomún. Normalmente soy bastante torrencial escribiendo, me planto delante del teclado y tecleo. Con el tema que me propusieron en esta ocasión me fue imposible, pese a que es un tema que es de mi interés hace años. Me doy cuenta de que tenemos una idea muy intuitiva sobre lo común, pero tengo la sensación de que es un concepto por construir en los códigos de los tiempos que corren (aunque en un sentido amplio tenga mucho de constante en la historia de las sociedades humanas). En fin, esto para advertir de que ha quedado una cosa introductoria (ese era el objetivo inicial)…que introduce a algunas preguntas y ninguna certeza.

Procomún: intuición, incógnita y camino

¿Qué es el Procomún?

Desde antiguo han existido distintos ordenamientos institucionales que remiten a una propiedad atribuida a un conjunto de personas: los bienes comunales. Conocidos como commons, comunes, o por las variedades autóctonas de bienes de propios, ejidos y una larga lista de sinónimos que podemos rastrear en el callejero de nuestros pueblos (y cuya regulación podríamos remontar hasta las Siete Partidas), constituían tierras de aprovechamiento común de una comunidad.

El aire, el mar o las calles también son procumún, aunque no hayamos reparado en ello hasta que su carácter comunal se ha visto amenazado.

Los estudios clásicos sobre el nacimiento del capitalismo suelen reservar un apartado para los enclosures, cercamientos de propiedad común que liberaron mano de obra para la fábrica. En el campo de la filosofía política Locke parió el individualismo posesivo, y las revoluciones burguesas sancionaron las repúblicas de propietarios como sinónimos de democracia.

Malos tiempos para lo común y la multitud, que son también nuestros tiempos, aunque en los últimos años, en las aulas, en las redes y en las calles, lo común lucha por revalorizarse.

Lo común y las redes.

Internet está construido sobre tecnologías abiertas (protocolos HTTP o TPC/IP) y ha sido el gran laboratorio de las nuevas formas de relación social de un mundo que asiste a la lucha entre las viejas prácticas, que no acaban de morir, y las nuevas ,que no terminan de nacer. Definido por algunos como un gran procomún (aunque no son pocos los que pretenden acabar con esto) ha renovado las prácticas de producción entre iguales (peer to peer), y en él se ha desarrollado la ética hacker del trabajo, conceptos que desmienten el paradigma moderno sobre producción y precio, poniendo en valor incentivos extraeconómicos y de colaboración.

A diferencia de los comunes de antaño (tierra, agua) sobre los bienes digitales de información o cultura opera una lógica de la abundancia que hace que los viejos mecanismos del mercado sean ineficientes además de innecesarios. Antes tu mercancía valía (costaba) X en función de su disponibilidad, ahora tu mercancía –bits – no será nunca más escasa, y su valor ya no coincide con su precio. Aquí la pelea es contra los que se empeñan en generar artificialmente escasez aplicando restricciones calcadas del mundo físico. Estos, decididamente, son los enemigos del procomún.

El ejemplo por antonomasia de este abono social que ha sido internet es el software libre, ejemplo probado de éxito, y de él debemos aprender también que el hecho de que algo sea común no significa necesariamente que no esté regulado. Cuando los hackers adoptaron la GNU General Public License lo hicieron para permitir el acceso libre a su trabajo, pero también para impedir que alguien pudiera privatizar el código que había nacido libre.

Lo común del tú a tú y del nosotros

En 2009 el Nobel de Economía de Elinor Ostrom (primera y única mujer en recibirlo hasta la fecha) lleva el término a los mass media y a las baldas de nuestras bibliotecas. Ese mismo año, Tony Negri y Michael Hardt (Imperio, Multitudes) publican Commonwealth, obra en la que extienden lo común al terreno de los afectos y el lenguaje. La experiencia de compartir en lo que ellos entienden como prácticas de la Multitud, y donde podríamos encuadrar al 15M, son el camino hacia la construcción de las nuevas instituciones de la democracia global que debería llegar.

Me gusta pensar que en la Plaza de las Palomas también estamos experimentando con esas prácticas de lo común.

¿Qué es el procomún? (Volvemos a preguntar)

Como vemos el procomún es tan antiguo como las sociedades humanas y es neologismo al mismo tiempo. Desde la experiencia de estos seis meses de 15M procomún es recuperar las calles, pero también superar lo público y construir lo común; está en las redes, pero también en nuestras relaciones compartidas a pie de plaza, para las que debemos programar un código libre y crear nuestras propias licencias GPL. Seguro que es muchas más cosas.

Seguimos indagando qué es el procomún, y debemos construirlo como método para encontrar respuestas, porque si algo tenemos claro –sobre eso tenemos la certeza de una intuición compartida- es que estamos entrando en el tiempo de lo común.